Y te puede parecer extraño, pero hoy he vuelto a soñar contigo estando despierta. Hace tiempo que lo hago. Sueño con cosas que nunca antes había esperado desear: un café a media tarde, una sonrisa, un cuento, dos palabras y una canción. A veces me parece tan simple que me asusta.
En realidad no sé qué es lo que me da miedo, si perder tus caricias o el engancharme a ellas por completo. Ya no sé dormir si antes no imagino tus dedos rozando mi piel, dejando tu olor en mi cuerpo. Pero no sé si sabes que uno y uno no siempre son dos, y creo que nuestro resultado da decimales. Y aunque no tengo ni idea de cómo acabará esta historia nuestra (ni siquiera sé si tiene final), hay algo que deberías saber: no hay noche que no dibuje un corazón en tu espalda, ni día en el que no me apetezca besarte. Has hecho que vuelva a ser la niña romántica que lee a Neruda, y que escribe por alguien, por ti.
Y en el fondo sé que esto tiene fecha de caducidad, pero lo que me has dado es infinito, y ya está guardado bajo llave. Tus labios se quedarán conmigo aunque tú te vayas, y mi cama recordará tu silueta, deseosa de poder verte regresar alguna día, o alguna noche.
Al fin y al cabo, ¿qué es la vida sin los sueños? ¿Y que son mis sueños ahora sin ti?
No hay comentarios:
Publicar un comentario