Te sonará lejano, pero tú y yo hemos dormido en esa cama. A pesar de que pude no haberte conocido, decidí conocerte; y conociéndote cambió todo lo que creía conocer.
Tus miradas de reojo.
Tus sonrisas sin sentido.
Tus manos sobre mi pelo, sobre mi cintura, o sobre cualquier parte de mi cuerpo.
Tu voz.
Tu maravillosa manía de acompañarme a casa.
Tus labios.
Tus bebidas impronunciables.
Tu olor.
Tus monólogos intentando impresionarme.
Tus caricias.
Tu forma de presumir de mí.
Tú.
Y lo que más me sorprende de todo esto, es que has aparecido en el momento exacto, cuando aún estando pérdida ya ni siquiera buscaba quién me guiara. Quizás te parezca que estoy exagerando, pero no es así, pues aunque te hayas ido, llevándote una parte de mí, una parte de ti se ha quedado en mí para no salir jamás. Tú has conseguido que me sienta especial otra vez, y me has demostrado que no todos sois iguales.
Podría ponerme romántica y afirmar que no importa el tiempo que pase: tú y yo acabaremos juntos. Ambos sabemos que eso es muy poco probable. Pero si puedo garantizarte algo: mis labios no te han besado por última vez aún.
Así que gracias por aparecer en mi vida, y gracias por hacerlo de la forma que los has hecho. Nos veremos pronto, como tú solías decir, "wherever you want".
Porque aunque seas el pensamiento que me quita el sueño, no me importa tardar en dormirme si cuando me duerma sueño contigo.
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